viernes, enero 29, 2016

NOTICIA 1561ª DESDE EL BAR: LA ROSA BLINDADA

Ayer supe de la existencia de un poeta argentino llamado Raúl González Tuñón, que vivió entre 1905 y 1974. Supe de él a través de una editorial argentina que funcionó en los años 1960 llamada La Rosa Blindada. Estaba esta dirigida por Alberto Brocato y José Luis Mangieri. Contaba además con una revista poética de mismo nombre. Se editaba en Buenos Aires y en sus páginas albergó poemas de este poeta, Raúl González Tuñón, como de otros bastante importantes tanto de Argentina como de la España exiliada por culpa de la dictadura de Franco. Hablamos de nombres como Marcos Ana, Jesús López Pacheco, Luis Alberto Quesada, Juan Gelmán, Bertolt Brecht, Juan Bautista Alberdi, Armando Tejada Gómez y otros muchos, también algún soviético como Eugeni Evtuchenko. La cosa es que tal editorial debía su nombre a un libro que escribió Raúl González Tuñón en 1936, el cual se llamaba así, La rosa blindada

El libro de La rosa blindada me ha llamado la atención. Sus poemas fueron escritos en homenaje a los mineros asturianos que se pusieron en huelga en octubre de 1936 y que fueron represaliados cruentamente por el ejército, la policía y la guardia civil de la Segunda República, con ayuda de milicias ciudadanas armadas de extrema derecha. El escritor, Raúl González Tuñón, había comenzado su trayectoria como poeta con quince años, participando en 1920 de la vanguardia literaria de Buenos Aires. Fue precisamente en ese año que la propia Argentina vivió una huelga en Patagonia encabezada por anarquistas y socialistas, entre ellos algunos exiliados y emigrantes españoles. Tal huelga fue terminada por el gobierno usando del ejército y una gran matanza. Se puede ver bien en la película La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974). Como sea, González Tuñón publicó su primer libro con 21 años, en 1926. En Buenos Aires tomó en esos años muchos contactos con numerosos poetas de la época, como por ejemplo el chileno Pablo Neruda. Nuestro autor perteneció con otros a un grupo editorial de una revista que ellos mismos crearon a la cual sus detractores literarios apodaron como "el grupo de Boedo", siendo Boedo un barrio obrero con conciencia de clase trabajadora. El apodo era supuestamente denigratorio, ya que muchas de sus producciones tenían un muy marcado carácter social, al gusto poético de las directrices literarias de la Unión Soviética, muy atentas a la utilidad social y política, más que a otras cuestiones. Esto hace que parte de la obra de algunos de estos autores, incluido el nuestro, hoy día no tengan el valor literario que ellos pretendían, pese a tener el valor de propaganda ideológica que intentaron, aunque hay otras partes de sus obras de mucho valor literario. Sea como sea, esto es algo que en parte hizo que años más tarde González Tuñón conociera y fuera amigo de los españoles Miguel Hernández y Federico García Lorca entre otros.

En 1928 publicó su segundo libro y viajó a París. Publicó numerosos libros hasta que en 1936 publicó La rosa blindada por la huelga revolucionaria española de 1934. Ese 1936 fue el año que estalló la guerra civil española, por lo que su libro en parte era una declaración de intenciones apoyando a los obreros en armas represaliados por el ejército ahora alzado contra la república. Se afilió al Partido Comunista de Argentina, sin llegar a dejarse guiar ni llevar por las estructuras políticas y manteniendo tensiones con los dirigentes. Comenzó a colaborar con diferentes periódicos argentinos. Fue una figura relevante para los jóvenes de aquel país en  los años 1960, cuando surge la editorial con el nombre de su libro, la cual lo reeditó, y se reinventó iniciando la poesía urbana de los años 1970 en sus últimos años de vida. Su muerte en 1974 evitó que conociera la dictadura de los generales de dos años después, en la que seguramente hubiera sido represaliado. 

Una de las cosas que me llamó la atención de aquel libro de 1936 es que es un libro escrito en solidaridad con aquellos huelguistas españoles que fueron represaliados precisamente por la República. Es cierto que la represión la llevó a cabo un gobierno de derechas como fue el de Lerroux al frente del Partido Radical, apoyado por la CEDA de Gil de Robles. Pero hay que recordar que también el gobierno de izquierdas de Manuel Azaña, con su partido republicano y con apoyo del PSOE, represaliaron también a trabajadores del campo, por ejemplo en Casas Viejas, como caso más famoso, pero también en múltiples ocasiones. No voy a analizar ahora mismo las causas y consecuencias de todos aquellos sucesos, porque a mí lo que me llama la atención hoy es esa literatura que se creó, porque es cierto que se creó, desde la izquierda criticando la represión contra los obreros que venía de la propia República en tiempos de paz. El asunto es más complejo, porque no hay que negar las intenciones revolucionarias de unos, no de todos, ni el afán represor y ejemplarizante por la crudeza de otros. En los poemas de González Tuñón, comunista, se habla de los padecimientos de los huelguistas asturianos y de la represión desproporcionada de las fuerzas del Estado. Curiosamente el Partido Comunista de España no había tenido un gran protagonismo en estos hechos. De hecho el protagonismo vino de parte de los sindicatos UGT y CNT. La represión política posterior a los hechos avaló todo esto al dejar algo más libre de acción al PCE, que pudo empezar a cobrar mayores simpatías entre los trabajadores gracias a la acción del Socorro Rojo entre los presos y familiares de presos de aquella huelga. 

La editorial de los años 1960 con nombre de aquel libro de 1936 trató de recuperar textos de exiliados españoles y presos políticos españoles junto a las obras de poesía social argentina. No todos los poemas tienen gran calidad literaria, como he dicho, pero tienen un gran valor testimonial. Hay algunas obras muy importantes en lo literario, pero acercarse a esta editorial es fundamentalmente, a fecha de hoy, un ejercicio de Historia, sociología y Literatura testimonio de unos padecimientos sobrevenidos por la dictadura de Franco y por las represiones de la derecha política en Argentina y otros lugares del mundo. Pero es precisamente ese libro citado y su temática en torno a la represión de los mineros asturianos la que en medio de la labor de recuperar voces literatas contraria a Franco recuerda desde la izquierda la represión que la derecha ya hizo de los obreros desde la República, o sea: la represión de obreros que hizo el Estado, en esos momentos ocasionalmente su gobierno en manos de la derecha. Quizá sea de los primeros testimonios que denuncian esto, aunque sea desde esa poesía casi doctrinaria que la Internacional Socialista, desde sus foros literarios, alentaba como la única posible, cosa, que, paradójica pero lógicamente, mataba mucho la intencionalidad poética de los textos.

Sea como sea, os dejo con uno de los poemas de La rosa blindada de Raúl González Tuñón.

El pequeño cementerio fusilado
A Luis Lacasa

Él sabe quiénes son los que renuevan el homenaje, alegoría del domingo.
Cada semana las tumbas de los fusilados aparecen cubiertas de flores silvestres.
En las cruces la intemperie comienza a desteñir los nombres.
Cada tumba se parece a otra.
Cada muerto se parece a otro a medida que el tiempo transcurre.
Hasta que un día la ceniza se comunique definitivamente entre la tierra por los canales subterráneos de la muerte.
Sin embargo, las mujeres, como las madres de la guerra, huelen al sepultado; van directamente a la tumba, dejan la flor y la lágrima.
A veces miran las otras tumbas como diciendo: Estáis ahí, camaradas.
Él sabe todo lo que se puede saber.
Él sabe todo lo que puede saber un sepulturero.
Que los pobres no olvidan,
que el pueblo vigila sus huesos caídos.
Que nada, ni el terror mismo vestido de obispo, ni el verdugo, ni el hambre,
pueden hacer retroceder la promesa, el recuerdo y el llanto.
A veces el sol calienta la losa.
Los insectos van a buscar su parte de muerte.
Volver al polvo quiere decir muchas cosas, seguir trabajando, oh mineros.
A veces un viento hullero trae el saludo de la mina a los desertores.
Los árboles del cementerio transmiten su mensaje enloquecido.
A veces la lluvia lava el ya oxidado adorno de níquel.
Un hilo de agua corre como la baba útil de la muerte.
En los días que siguen el cementerio registra los espléndidos llantos.
Algo queda en el aire de vital, algo queda que recuerda lo que ha de suceder,
algo queda que nos hace pensar en lo que aún no ha acontecido,
algo queda que nos relata un hecho que ocurrirá mañana.
Uno tiene ganas de gritar: ¡Vuestras mujeres no olvidan,
vuestros compañeros no olvidan,
vuestros poetas no olvidan!
De todas maneras es posible poner el oído en el caracol de la muerte.
Cómo sube la violenta marea de la ceniza.
Cómo surcan los veleros del hueso las posibilidades más remotas.
El morir por la revolución existe, es un hecho favorable.
Nosotros sabemos lo que se debe saber.
De todas maneras cada semana la flor anuncia un constante recuerdo.
Si está sola su insistente perfume se reparte y murmura:
Camaradas, vosotros estáis ahí.

Por Raúl González Tuñón, 1936

lunes, enero 25, 2016

NOTICIA 1560ª DESDE EL BAR: COSAS QUE PASAN... O NO (Antonio eMe, 2016)

El pasado viernes Antonio eMe, escritor alcalaíno, presentó su nuevo libro, el segundo, Cosas que pasan... o no (2016). Lo hizo en la misma Alcalá de Henares, en el bar La Oveja Negra. Allí estuvimos varios escritores de esta misma ciudad escuchándole entre el público. El bar estuvo lleno hasta el punto que los pasillos y los espacios entre mesas estaban repletos de gente de pie, ya que los asientos también estaban, muy obviamente, ocupados. El nuevo libro es un libro de pequeños relatos en prosa, lo que le diferencia de su primer libro, El café del loco (2015), que era de poesía. No obstante, con mucho sentido del humor, leyó textos de ambos libros. De hecho hubo la oportunidad de comprar ambos libros, 

Yo ya comenté el año pasado que El café del loco de Antonio Eme es, junto a La breve historia que nadie honra, de Carmen Nieto, uno de los mejores libros de poesía editados en 2015 de poetas vivos que yo pude leer. Ahora, el segundo libro de Antonio, Cosas que pasan... o no, siendo de relatos, me recuerda más a una colección de poemas en prosa que a una colección de relatos. En general, haciendo caso a los pocos relatos que seleccionó para su lectura en la presentación, sigue con la temática romántica y los giros bellamente metafóricos de situaciones meramente cotidianas que nos son comunes a todos. Igualmente combina esta temática con otra de pura crítica a los estereotipos sobre escritores o simplemente sociales, como el relato dedicado a un tren lleno de personas gordas, tal con las palabras como se narra. Tiene así un extraño carácter de puente de unión entre una literatura de contracultura o underground que no termina de ser en él, puesto que prima un lenguaje más preciosista, más metafórico y más en busca de lo positivo y lo que llama a un punto de cierto amor, sea a una persona o a una situación o circunstancia, y eso en gente clásica de la contracultura no se vio de manera común. Es así como eMe construye su literatura y su propio rumbo. Mala leche, sí, pero con ternura y visión bonita.

Sus dos libros cuestan 12 euros cada uno y se pueden adquirir tanto en alguna librería local, tipo Domiduca, como con total seguridad haciendo el pedido al propio e-mail del autor: elcafedelloco@hotmail.com. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.

sábado, enero 23, 2016

NOTICIA 1559ª DESDE EL BAR: EL PUENTE DE LOS ESPÍAS (Steven Spielberg, 2015)

Aunque existen un par de artículos en la recámara listos para ser publicados desde verano pasado, desde junio no se publicaba uno de mis artículos nuevos en El Tornillo de Klaus. El pasado lunes fui con una amiga al cine para ver El Puente de los espías, de Steven Spielberg con guión de los Coen y Matt Charlan. Los hermanos Coen son mis directores favoritos, por lo que su extraña combinación con Spielberg me resultaba imprescindible. La película se había estrenado en diciembre, o quizá a finales a noviembre, pero la sala seguía estando llena pasado mediados de este mes de enero. El metraje es uno de los grandes nominados para la ceremonia de los premios Oscars del próximo 28 de febrero. Mi análisis sobre todo esto lo podéis leer en El Tornillo de Klaus entrando


saludos y que la cerveza os acompañe.

martes, enero 19, 2016

NOTICIA 1558ª DESDE EL BAR: ECHE A LA BOINA LA VOLUNTAD

No hace muchos días en una red social alguien compartió la noticia de una decisión de un juez español que considera que un escritor que recibe derechos de autor por su obra no tiene derecho a cobrar la pensión mínima de jubilación. Sinceramente desconozco la ley actual de pensiones, seguridad social y demás, pero creía que el Estado cubría a todas las personas sean ricas o pobres en su sistema de derechos sociales. Es cierto que soy partidario de que exista una mayor justicia social en estos asuntos, precisamente por eso mismo la noticia me pareció injusta. Injusta porque no todos los escritores son famosos, no todos viven de su obra, no todos son ricos y no todos los que cobran algún concepto de derecho de autor le cubre apenas algún gasto de la vida actual. Tengo alguna que otra amistad que cobran derechos de autor por algún libro que publicaron, y estos no pasan a menudo los diez euros cada muchos meses, porque no hay que engañarse, publicar y vender un libro no equivale a ganarse la vida con ello. El no famoso apenas vende libros. Además, el precio del libro vendido se desglosa en tantos porcentajes que el que menos porcentaje se lleva suele ser el propio autor. Esto nos coloca en pensar si esa ley sería más justa si en lugar de fijarse en los derechos de autor se fijara en la cuantía de los ingresos de cada persona, vengan estos ingresos de donde vengan. La cosa es que varios escritores famosos se quejaron y es por ello que es noticia, aunque se quejaron en solidaridad con aquellos que no son famosos y publican. He aquí mi sorpresa cuando uno de los comentaristas de aquella noticia que es amigo de mi amistad escribió que los escritores que reclamaban una pensión eran unos egoístas, que a su madre, profesora jubilada que cobraba 2.000 euros de pensión, no se le ocurriría pedir más al Estado... ¡cómo si la pensión de un escritor alcanzara esa cantidad! Con seguridad no lo hará, porque para cobrar pensión hay que cotizar y para cotizar hay que trabajar y si alguien ha vivido de contratos por escribir no ha trabajado cotizando, si no viviendo de los llamados royalties o derechos de autor, o sea: de lo que sea capaz de vender. El que no sea famoso probablemente habrá vivido como asalariado en el trabajo que haya podido tener, ese habrá cotizado lo que haya cotizado, pero la noticia hablaba del caso de un escritor que solicitaba la pensión mínima, o sea: algo en torno a los 600-700 euros, quizá los 500 euros, al mes, un dinero con el que se malvive como se pueda. Pero lo que más me llamó la atención de aquel comentario no era hablar de tal manera a quien decía tener una madre con una pensión de 2.000 euros al mes, defendiendo además la justicia social para con quien menos tenía (¿por qué no pedía a su madre que renunciase a 1.000 de los euros de su pensión en favor de otra persona?). Lo que más me llamó la atención es que sus argumentos los cerraba alegando que un escritor para ser escritor debería escribir gratis, pues para él un escritor era quien fuera altruista y por tanto estaba obligado a renunciar a todo beneficio económico de su obra. ¿Trabajaría usted gratis? Pues eso es lo que en el concepto de esa persona es lo que debe hacer un escritor.

No es algo raro. Ya he comentado alguna vez en el pasado como algún dueño de bar de esta misma ciudad, cuando alguien que escribe poesía se le presenta para recitar, suele decirle que de acuerdo, adelante, siempre y cuando no cobre dinero, que eso si acaso los músicos. Y sin embargo tengo comprobado que los recitales de poesía atraen gente a los bares y que los espectadores, a diferencia de los de los conciertos, consumen con frecuencia, no se quedan bailando sin consumir dentro del bar. O sea: logran hacer dinero al dueño del bar sin que obtengan mucho más que poder recitar y si acaso unas cervezas, cosa que no siempre es así, en algún lugar he recitado que me cobraron la cerveza... a cinco euros. Pero de este tema en concreto ya hablé en la Noticia 1527ª. Otros dueños de bar, de una manera aparentemente abierta de mente, altruista, ofrecen exactamente lo mismo, pero ofreciendo eventos de micrófono abierto a quien se quiera subir a recitar, gratis, por supuesto. En otras palabras: cubren la oferta cultural de su bar, la gente va, consume, le da dinero y el no se gasta un céntimo en quien le está animando el lugar y a la clientela, que por otra parte suele haber traído o atraído el que sale a recitar. 

Yo nunca he cobrado por recitar mis poemas. Me han dado cervezas, una vez hasta comida, pero no me ha dado por cobrar. Mis razones tengo en mi teoría del porqué yo lo hago así. Sin embargo me indigna cuando sé que los dueños de determinado lugar imponen como norma el no pagar. Yo no cobro, pero el día que me digan directamente que no van a pagarme puede que yo, tal como vi hacer a determinado cantante de flamenco, me suba al escenario justo para leer un poema y acto seguido decirles que se acabó la actuación, y a quien pregunte se le explica el porqué. Soy una persona muy colaborativa, pero no me gusta la utilización ni la instrumentalización de quien hace algo, hablo de poetas pero podemos hablar de cualquier otro arte. Como siempre digo: si tan fácil creen que es componer y recitar, que lo compongan ellos y reciten ellos.

El comentarista que decía que el escritor debía escribir gratis se confunde. El escritor escribe, si lo hace gratis o cobrando es lo que él decida y lo que le ofrezcan las posibilidades que se le presenten. Del mismo modo que un carpintero no trabaja gratis, un escritor tampoco tiene porqué. La persona que escribió esto leerá libros, periódicos, revistas, verá películas, series de televisión, programas, videojuegos, irá al teatro... todo eso sólo es posible gracias a escritores en cualquiera de sus modalidades... ensayistas, novelistas, periodistas, poetas, guionistas, articulistas, comentaristas, blogueros, dramaturgos... Vivimos en una cultura del ocio más que potenciado por las nuevas tecnologías. Todas las historias que se nos presentan ante nosotros son gracias a una gran cantidad de creadores, entre ellos los escritores. Quizá ese chico es seguidor de teleseries como Juego de tronos (que además viene de unas novelas), o de películas como la actual Star Wars o cualquier otra, o leerá la prensa deportiva o la de noticias actuales, lo que sea, todo eso no se crea solo. ¿Por qué quienes escriben todo eso lo deben hacer gratuitamente? Es una mentalidad muy a la española, donde se cree que el que escribe "no produce", por lo que no debe cobrar dinero. De esa manera se han devaluado profesiones tales como, por ejemplo, la de ser maestro, y se han eliminado asignaturas de colegios e institutos del tipo Filosofía, Latín, Griego, Literatura o Música. Pero se equivocan. No sólo producen una serie de valores humanos, no solo producen un entretenimiento que nos anima nuestras vidas, no solo nos estimulan, animan o hacen pensar, también producen económicamente. De todo lo que uno se pueda imaginar viven una serie de gente como puedan ser productores de papel y tinta, libreros, editoriales y editores, promotores, publicistas que venden a su vez productos variados que animan otros sectores industriales (¿o acaso no se ven en las tiendas hoy día hasta yogures y camisetas de Star Wars, o no se ven gracias a las acciones de los periodistas futbolísticos todo tipo de negocios a gran escala a costa de la imagen de los futbolistas que no serían nadie sin la promoción de los periódicos?), en fin, se mueven una gran cantidad de oficios, trabajos y dineros. No sólo gracias a las obras de los autores conocidos, también en la de los desconocidos. Incluso quien no publica en libro pero exhibe sus escritos en recitales o en bitácoras mueve ya algo interesante en sí. Mueve y promueve una serie de entretenimientos y emociones a quien se acerca a él y su obra. Algo muy a tener en cuenta.

En el semanario Puerta de Madrid del 9 de enero de 2016, nº 2.405, aparece en sus páginas 20 y 21 una entrevista al actual concejal de Acción Social, Juventud e Infancia de Alcalá de Henares, Suso Abad, de Somos Alcalá y Podemos. En concreto es un amigo personal que conozco desde la adolescencia, es por ello que me es un poco doloroso escribir una discrepancia con él en torno a una de las cosas que dijo en esa entrevista respecto al tema que trato hoy. Una discrepancia que no está en mi ánimo que interfiera para nada en nuestra amistad, pero ¿si siempre he sido crítico con aquello que he creído no muy justo, no debo serlo ahora también? La cuestión es que la verdad es que él no hace otra cosa más que defender una idea que tanto Somos Alcalá como PSOE defendieron durante las elecciones municipales del año pasado. Ahora como socios de gobierno lo llevan a cabo, no hay que negarles que dijeron que lo harían y lo hacen desde que gobiernan. Se trata de la contestación referida al plan de la política de gobierno municipal actual mediante el cual quieren que la ciudadanía participe de la ciudad de una manera activa y no pasiva. El periodista le preguntó si podía poner un ejemplo y Suso contestó "Un ejemplo de ello fue la Marcha Zombie, que quizá es una actividad anecdótica, pero este año facilitando los permisos y escenarios y con una pequeñísima ayuda económica teníamos toda la Calle Mayor repletísima de gente y el agradecimiento de las entidades organizadoras. Y no ha costado ningún esfuerzo en la concejalía, lo único ha sido poner a disposición de los jóvenes las instituciones y estaban super contentos. En la Casa Tapón con el programa Otra Forma de Moverte organizamos también el Pasaje del Terror que estuvo toda la noche funcionando, con colas que llegaban hasta la otra parte de la Plaza de los Santos Niños. Esto que a nivel profesional seguramente hubiese costado miles de euros organizarlo, a nosotros no nos costó ni mil euros. Con menos de mil euros se puso a la ciudad en funcionamiento, y había grupos de teatro, grupos musicales, la tuna, gente por su cuenta... un montón de colectivos haciendo algo en común y muy bonito, y eso es un reflejo de adónde tenemos que caminar (...)". En otras palabras, durante la celebración de Halloween de 2015 se llenó la ciudad de actividades culturales que atrajo a un gran número de gente al centro para verlas o participar a cambio de que los grupos y colectivos profesionales o aficionados de música, teatro y otras actividades, no cobrasen ni un sólo céntimo. Ahora bien, ellos generaron una actividad económica gracias a que los espectadores consumieron en los locales cercanos. Yo mismo participé de la actividad de los poetas zombies, después de la obra de teatro Don Juan Zombiorio, y de la marcha zombie (Noticia 1535ª). No cobré ni yo ni nadie un sólo céntimo. Me divertí mucho, es cierto. Me apetecía participar, es cierto, pero no sabía que el ayuntamiento se iba a vanagloriar de aquello. Porque la actividad en la que yo participé se realizó en un bar que sí se benefició económicamente de lo que se bebió. Y me parece bien que lo hagan, pero si se activa culturalmente una ciudad de esta manera donde los autores e intérpretes son los únicos que no ven un céntimo, ¿no estamos perpetuando esa visión horrible de que los creadores no deben ganar dinero por su trabajo? ¿Trabajan los concejales gratis en esta ciudad? ¿Trabajaron los camareros y dueños de bar gratis ese día o cualquier otro? 

Yo nunca he cobrado, ya lo he dicho, pero a la vez no me gusta que me instrumentalicen. Una cosa es ser generoso con mi propia obra, otra dejarse manejar. Yo actuaré gratuitamente siempre que quiera, pero no me gusta que eso lo metan dentro de un saco de ideal político y social. Tampoco creo que una ciudad base su política cultural en que la gente actúe gratuitamente en todo momento. No es la primera vez que ocurre. Ya con el PP en su día ocurrió varias veces tanto en actos musicales como en los no musicales. El modelo se perpetúa, sólo que ahora parece que de una manera potenciada y disfrazada de altruismo y civismo. Se devalúa a la vez la idea de que el creador también debería poder tener dinero para poder vivir y seguir creando, no entro ya en que su entretenimiento es la máquina que motiva al espectador a consumir o no en la ciudad, o sea: lo que tanto se persigue desde las políticas turísticas y culturales de esta ciudad. ¿Por qué la ciudad y sus comerciantes se pueden beneficiar económicamente pero no sus artistas, que han de ser voluntarios gratuitos a la fuerza? Comprendo los problemas económicos de la ciudad, totalmente endeudada, pero eso no debería ser impedimento para afrontar este problema, aunque sin duda nunca faltarán voluntarios, ni yo mismo me negaré alguna vez, no siempre, a hacer alguna colaboración... aunque soy más de ir por libre por donde pueda, en general: por bares. 

Otra Forma de Moverte está organizando un par de actos poéticos para febrero de los que sus organizadoras me pidieron mi participación. A una le dije que sí como invitado en un sólo poema y a otra le dije que no. Las condiciones seguían siendo las mismas: no hay dinero para los que actúen, pero te ponen la calle. ¿Es esta la política cultural de una ciudad que aspira a la capitalidad cultural? Animad la calle, pero gratis. Que los que nos visiten estén contentos, pero vosotros actuad gratis. Gratis. Gratis, mientras recogemos nuestro sueldo como animadores socioculturales del ayuntamiento. No sé, hay cosas que habría que revisar y que habría que replantear. Comprendo que el tema pudiera ser difícil, que yo mismo puedo resultarle a alguien ambiguo, pero nada de todo ello impide que esto sea un problema. En serio, ¿trabajaría el dueño de un bar gratis? Porque poner cervezas y tapas de comida gratis sí que atraería turistas. Pues eso.

E insisto que yo he recitado siempre gratis, pero una cosa es una opción personal y otra cosa el diseño de una política cultural para toda una ciudad o una imposición al creador y al artista. Sobre todo porque además a menudo en esta ciudad hay parte de la ciudadanía que no es muy amable con los artistas si no le gustan y son capaces de decir todo tipo de barbaridades sin saber y sin conocer las circunstancias. Riase usted, insulte y dude de la integridad de un albañil que haya ido a la avería de su casa a arreglársela gratis, a ver qué ocurre. Pero algo tenemos los que creamos y los que actúan que siempre volvemos, por así decirlo, al lugar del crimen. Somos reincidentes contra nosotros mismos, no lo podemos evitar ni negar. Sarna con gusto no pica, dirán algunos, pero en realidad es un vicio irrefrenable, una adicción, una necesidad de mostrar y compartir. Precisamente por eso necesitamos de alguien que nos ayude a mirar por nosotros mismos, pero esto es España y parece que abundan los comentaristas que piensan que debemos ser altruistas, aunque ellos se beneficien de nuestra obra sin más ni más. ¿Y por qué no puedo yo beneficiarme del trabajo gratuito del carnicero y llevarme a mi casa todos los días carne que comer sin pagar ni una moneda? 

Igualmente, como archivero en paro, me ha indignado estos días descubrir en prensa que en Cataluña se ha cuadruplicado el número de voluntarios en archivos y bibliotecas, razón por la cual estaba muy satisfecha la responsable de Cultura de Cataluña. Esta gente realiza la labor de archiveros y bibliotecarios, estando tantos en el desempleo. Voluntarios gratuitos y no profesionales que cubren con su trabajo altruista el trabajo que debería hacer alguien preparado de manera remunerada y con contrato. Este modelo es el modelo que desea fomentar el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para toda España. Eso, archivos y bibliotecas, también es Cultura. Por ello me parece muy cínico por parte de los políticos cuando hablan de sus políticas contra la piratería de obras intelectuales, pero luego fomentan el voluntariado para todo tipo de actividades culturales, incluidas las de laborales profesionales tales como estas de archivos y bibliotecas. Parece que la Cultura no ha de ser gratis salvo cuando ellos desean que lo sea. Entiendo que entienden que no ha de ser gratis cuando les supone ingresos fiscales y fomento de trabajos que les dé titulares de prensa económica e ingresos en la Seguridad Social, pero que desean la gratuidad de la Cultura solicitando voluntarios cuando eso les permite ahorrarse sueldos y pagos varios. 

En todo caso, aunque creo que es un debate serio, creo que es un debate con muchos recovecos, y con muchos peces mordiéndose la cola, yo incluido. Pero también es un debate con muchas visiones diferentes. No es un debate cerrado, ni poco importante. Yo en mis decisiones puedo parecer contradictorio, pero no lo soy. Sopeso cada una de mis actuaciones y sus porqués. Cada una responde a sus razones. Soy hijo de mis razonamientos, a veces, a menudo, de mis pasiones. Este de hoy sólo es un pensamiento a raíz de lo que una serie de sucesos me han parecido un creciente menosprecio al creador... y los creadores creamos tantas historias que llenan tantas horas de tantas personas... ¿Por qué la gente lamentó la muerte de David Bowie? Porque les hizo vivir buenos momentos, buenas emociones, sentimientos más allá de lo material. Pero Bowie hubiera parado en seco si al comienzo de su carrera todo el mundo se hubiera limitado a ofrecerle tocar música, pero no cobrar por ello. Hubiera parado en buena parte, porque a fin de cuentas todos queremos vivir y para eso se requiere una casa, comer, vestirse, una educación, quizá formar una familia, tener algo con lo que entretenerse en algún momento. Y en esto estoy pensando hoy. Si algo o alguien te da buenos momentos hay que agradecérserlo en todos los modos que necesite ese alguien, puesto que nos da su tiempo, su creación, que no viene de la nada, y nos está regalando tiempos de nuestra vida que disfrutamos. Tiempo, lo más valioso de la vida, pues fuera de la vida, no hay tiempo.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

sábado, enero 16, 2016

NOTICIA 1557ª DESDE EL BAR: ENCUENTRO POÉTICO EN DIÓGENES

Matias Escalera Cordero presentó ayer en los encuentros poéticos de la Librería Diógenes de Alcalá de Henares un recital mano a mano entre la joven poetisa Sara R. Gallardo (no llega aún a los 30 años ni se acerca demasiado, creo que quizá 27 años) y otro joven poeta, el de más éxito actualmente en la ciudad (hasta el punto que traspasa su poesía al resto de España y de vez en cuando aparece por los periódicos de tirada nacional), Francisco José Martínez Morán, 34 años, hacia los 35. Ambos acumulan unos cuantos premios poéticos. Ayer el encuentro se produjo por el mero hecho de recitar, así que Sara trajo sus dos libros de poemas , del que el más destacable para mi gusto es Berlín no se acaba en un círculo, editado por Ya lo Dijo Casimiro Parker, y Francisco José optó por traer varios de sus poemas antiguos en folio más el libro Grand3 Tercera Phase, donde colabora con Carlos Grande Grande, que es su más reciente aportación.

Grand3 tercera Phase contiene una serie de poemas muy breves, realmente muy breves, que se acercan a la poesía social. En general Martínez Morán tiende al poema breve, pero no a la poesía de reivindicación social, por lo que no sé si atreverme a decir que esa es una aproximación suya a ese tipo de temática, quizá motivado a sus circunstancias actuales, no tan malas, puesto que es ya maestro escolar público. Pero aquí todos hemos vivido trayectos de la crisis económica. He de confesar que de los muchos libros que hay de él en la librería yo no opté por comprarme este libro, si no uno anterior de 2013 publicado por Polibea, Obligación. Ya lo había ojeado unas semanas antes, mientras recogía la prensa Diagonal para repartirla entre los suscriptores. Ojeé ese y otros de sus libros. Sus temas son de un existencialismo muy personal e íntimo, mezclado con emociones y sensaciones muy variadas, la culpa, el amor, la justicia, la vida, la búsqueda, de la verdad o de la no verdad... Martínez Morán dedicó varios de sus poemas a su hija, y eso invita a pensar en su vitalismo, pues su hija es símbolo de vida, prolongación de la de los padres, y es ese vitalismo el que pasa y traspasa en sus poemas, incluso cuando los versos presentan al lector las dudas del autor ante temas altamente transcendentales camuflados de pensamiento acerca de algo que en principio hubiera pasado desapercibido.

Berlín no se acaba en un círculo aún no lo he comprado, pero es posible que lo compre tarde o temprano. Personalmente me parecen de mayor valor los poemas largos que leyó Sara R. Gallardo que sus poemas cortos, casi como frases, ocurrencias. Sus poemas largos llevan vida por dentro y laberintos de emociones en la lucha entre la soledad y el encuentro con el amor o con el desamor, que siempre es fruto de haber tenido amor. La violencia de la vida moderna y las necesidades que nos impone se disfraza en la ciudad de autobús, prostíbulo, casa, barrio marginado del resto de la ciudad. El frío hiela el alma, pero los recuerdos la avivan. Un libro escrito desde la experiencia vital de la autora en sus años de estudiante universitaria en Alemania. Una emigrante ocasional por estudios, no lo tiene difícil para volver, ni tampoco lo habrá tenido difícil para ir, puesto que presupongo que debió ir con una beca Erasmus. No dudo de las vicisitudes que haya podido pasar allí, pero sin duda no son las mismas que quien va en busca de trabajo sin nada, ni siquiera el idioma. Sus poemas ahora mismo, pese a ser escritos desde la perspectiva de una joven estudiante, podrían cuadrar con las perspectivas emocionales de los emigrantes españoles que se han ido en busca de trabajo por aquellos mundos lejanos a España en todos los aspectos. A mí me llamó mucho la atención estos poemas. Quisiera tenerlos.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

miércoles, enero 13, 2016

NOTICIA 1556ª DESDE EL BAR: BOWIE, BOWIE, BOWIE

En la madrugada que va del 10 al 11 de enero de este año, hace apenas dos días, ha muerto el muy relevante David Bowie. A estas alturas todo el mundo lo sabe y quien más quien menos lo ha homenajeado o citado. Yo y esta bitácora, tan apegados al rock, ¿cómo no iba a hablar de ello también? Al igual que cuando murió Lou Reed en 2013 lo comenté desde mi experiencia (Noticia 1262ª), tengo en mi la cosa de hablar de Bowie. Pero no puedo hablar de Bowie sin antes mencionar la muerte de Lemmy, cantante de Motörhead, quien murió una semana antes que Bowie. Lemmy y su grupo de hard rock duro, garagero y sucio, habían atravesado todas las etapas musicales del rock desde finales de los años 1960. Había permanecido puro y fiel a sí mismo. Yo, como todos, también he escuchado bastante a Motörhead, pero aunque me ha dado muy buenas noches de rock y desmadre, sobre todo en los tiempos en lo que en Alcalá existía ese bar de heavy metal llamado Paranoid, a comienzos y mediados de la década del 2000, he de reconocer que no era mi grupo más admirado. Eso sí, me lo hizo pasar bien, muy bien. Creo que tiene todo un mundo propio. Lemmy era de una libertad salvaje, eso se transmitía cuando estabas en un bar con enormes jarras de cerveza y amigos entubados a la botella de whisky. Todo era rápido y posible, frenético, de carcajada y barbaridad. 

Ahora ha muerto David Bowie y como un amigo dijo en la red social: comienza a haber mejores músicos en el Cielo que en La Tierra. Quizá esa frase de homenaje es tan llamativamente buena porque esta gente que empezó a tocar en los años 1960 lo hacían desde la experimentación y venidos de la nada. Estaban a las puertas de que los hombres de negocios se hicieran al completo con el mundo de la música, que era algo que había comenzado a forcejearse desde finales de los años 1950, pero que a lo largo de los 1960 aún eran los músicos, conocidos o no, los que tenían las riendas principalmente. Los músicos que se hacen famosos ahora responden a demasiadas cuestiones de mercado, es ahí donde la música se envenena. Pero a finales de los años 1960, cuando aparece Bowie o cuando apareció Lemmy, eso aún no era del todo así. La libertad flotaba también en los escenarios y sus músicos.  

Mucho se ha dicho de Bowie ya, su capacidad camaleónica de cambiar de aspecto, su transformismo en personajes diferentes, sus atrevimientos musicales, sus ojos de diferente color, su mezcla de música y Arte, su aspecto andrógeno, su liderazgo en el rock de estilo glam en los años 1970, su postura iconoclasta de los años 1980, las numerosas películas en las que participó, su cáncer de varios años de duración del que la gran mayoría nos enteramos justo cuando se murió... Y es una muerte mucho más mítica, ya que dos días antes cumplió 69 años de edad estrenando un nuevo álbum musical y un videoclip que se transforma en su último legado, si es que no ha dejado algún material póstumo. Sin duda será un álbum a analizar y un videoclip igualmente jugoso en sacar detalles de qué nos quiso decir ante una enfermedad letal que muy pocos conocían. Él, amante del misterio, sabía que nos iba a tomar por sorpresa a prácticamente todos, aunque probablemente él no supiera que moriría dos días después. Me pregunto si llegó a saber algo de lo que ocurría sobre los muchos afectos que recibió por Internet sobre su cumpleaños, pues quien ha vivido la cercanía de alguien que muere de cáncer, sabe que el proceso en los últimos días es lento y que la persona que está muriendo no se encuentra en su mejor momento mental para comprender o atender a demasiadas cosas. Quizá en todo esto, en esos dos días que median del estreno del álbum a la fecha de la muerte, tuviera más respuestas el hijo que él. 

Yo, que escucho todo tipo de música, y me gusta todo tipo de música, pero que tengo especial predilección por el rock de los años 1960 y 1970, llegué a Bowie en mi adolescencia pero algo más tarde que a la gran mayoría de los grupos de aquellas épocas. La primera canción de Bowie que escuché fue "The man who sold the world" ("El hombre que vendió el mundo"). Como he dicho muchas veces, yo comencé a salir el año que se suicidó Kurt Cobain, de Nirvana. Eso era 1994, yo tenía 15 años. Días antes de su suicidio él había grabado un concierto acústico para la MTV que se estaba vendiendo en álbum. Ese álbum fue mi primer disco de Nirvana, en él había una versión muy famosa de esa canción de Bowie. Yo sabía que la canción era de Bowie, pero nunca había oído la original. La busqué, mas aunque parezca mentira para muchos jóvenes de hoy, eso era difícil, porque Internet lo tenía muy poca gente, era caro, muy lento, no existían los programas ni páginas de música de hoy... La radio no ponía la original, que era de 1970, la televisión tampoco, no había tanta oferta de programas musicales, los discos eran carísimos, los bares no tenían material de Bowie, en fin, una odisea propia del siglo XX, quien lo hemos vivido sabemos de lo que se trataba. Tenía su encanto. Pasaron los años y en algún momento entre 1997 y 2000 escuché la original por la radio por primera vez. Me quedé maravillado de la riqueza de sus sonidos. Estimulaba un montón de sensaciones dentro de mí. Mi imaginación se disparaba. Era algo que te transportaba. Sobre todo tras estar años acostumbrado a aquella versión seca y tremenda de Kurt Cobain a punto de suicidarse, donde parecía que te clavaban cientos de alfileres en los poros de tu piel. Lo de Bowie era otra cosa, un mundo alegre, mágico, sarcástico. Psicodélico. Muy poquitos años después yo llegué a ser camarero y encargado ocasional de un bar del que era cliente habitual, La Vaca Flaca. Allí su dueño y amigo personal tenía especial admiración por esa misma canción original de Bowie. El bar tenía un ambiente de arte del reciclado, con  lámparas de todo tipo de formas imaginativas. Aquel sonido parecía ideado para el bar. Una vez la puse estando yo al cargo de la barra. había en el bar un grupo de adolescentes medio emborrachándose y con aspecto como si fueran grunges de los años 1990, cosa que estaban lejos de ser como algunos llegamos a serlo o a aproximarnos en su día de verdad. Puse la canción de Bowie y uno de ellos se quejó de "la mierda de versión que habían hecho de la canción de Nirvana", a punto estuve de quitarles la bebida e invitarles a salir del bar, porque todos le dieron la razón. Ignorancia y prepotencia de la juventud. Todos las hemos tenido con alguna cosa alguna vez. Lo recuerdo ahora con una sonrisa y lo cuento siempre como ejemplo de que a veces merece la pena más preguntar antes que sentenciar. Tengo la impresión que esos jóvenes de entonces con seguridad han rendido homenaje a Bowie hace dos días.

En los años 1990, en concreto en 1997, me compré un single de Oasis que contenía una cara B versionando una canción de Bowie de 1977, "Heroes". De esta sí que tuve muchas veces la oportunidad de escuchar la original de Bowie, que me parece mejor que la de Oasis. En 2001 recuperaron la canción numerosos reportajes televisivos a raíz de los héroes anónimos surgidos de entre los ciudadanos y turistas de New York que ayudaron a las víctimas de los atentados del 11 de Septiembre que derribaron las Torres Gemelas. Una canción llena de potencia.

Por supuesto, antes de todo eso yo ya conocía a Bowie y había escuchado a Bowie. Todos los que fuimos niños en los años 1980 hemos visto la película Dentro del Laberinto (Jim Henson, 1986). El villano de la película era el propio David Bowie y la banda sonora del metraje era a base de canciones suyas. Un digno mundo de aventuras que recomendaré mil veces a los niños también de hoy día. Películas de Bowie vi varias, la más reciente C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005). En esa no sale Bowie actuando, pero sí sus canciones y su imagen de los años 1960 y 1970, ya que el protagonista es seguidor de él. Muestra más o menos bien la vida de un adolescente en esos años y sus problemas a raíz del estilo de vida de él como seguidor del glam rock frente a los seguidores del hard rock y el heavy metal. Muy recomendable de ver. Yo la vi en cine, luego en televisión y no hace mucho en DVD con una amiga en mi casa, la cual salió encantada también. Por supuesto, a lo largo de los años 1980 y 1990 escuché innumerables canciones de Bowie de aquellos años que ponían en la radio y, muy frecuentemente, en aquel programa infantil de televisión llamado La Bola de Cristal, Alaska, la cantante, que era su presentadora, se empeñó muy acertadamente en que los niños de entonces tuviéramos buen gusto musical.

A mí "Space Oditty" ("Rareza espacial") es una de las canciones que más me gustán. Es una historia muy bien construida. Es un placer escucharla. En Alcalá de Henares se puede hacer incluso en concierto, ya que El Flecha suele incluirla en algunos repertorios de sus conciertos. En octubre del año pasado la escuché en boca de él en un concierto que dio en La Posada del Diablo, acompañado de otra amiga que, sin haberla escuchado antes, quedó cautivada por la potencia del sonido y la historia que narra. No es para menos. Pero quizá la canción que más me gusta es "Starman" ("El Hombre de las Estrellas"), que es la canción que elegí para escuchar cuando supe de su muerte. Me recorrió el cuerpo innumerables hormigueos y erizamientos de pelo. Luego, según me vestía, me puse el álbum completo de The Man who sold the world. La cosa es que "Starman" es una canción a la que he recurrido muchas veces. Llena de la idea de que todo es posible y manda un mensaje de bienestar y aprobación muy agradable. Ver el vídeo del concierto es otro estímulo. Siempre me cautivaron las enormes patillas blancas de uno de los guitarristas. 

Bowie además me otorgó con alguna de sus canciones alguna reconciliación pasada, hace ya años, con alguna chica seguidora de él, aunque curiosamente de su etapa de los años 1990 más que de la etapa 1960-1980. Tiene tantos registros que da para todos los gustos. 

Bowie, sin ser el músico que más discos tenga de él, me ha brindado momentos en mi vida muy bonitos.

Ayer me llegó a casa un disco que me grabó seleccionando canciones ella misma una seguidora de esta bitácora. Me gustó mucho el regalo y el detalle. En ese disco había una canción de Bowie grabada en 1981, "Wild is the wind" ("Salvaje es el viento"). Toda una casualidad, ya que como la chica me dijo el disco lo grabó ella a finales de diciembre pasado y se había animado a mandármelo ahora. Creo que lo mejor es despedirme por hoy dejándoos con esa canción, ya que la casualidad ha querido ubicarla en ese disco tan cerca de la muerte de Bowie. Saludos y que la cerveza os acompañe. Y os recuerdo que una tradición muy española, sobre todo gallega, quizá celta, ya que sé que en Irlanda también lo hacen, que yo trato de mantener es darle de beber a los muertos, tirando el primer trago de vuestra bebida a la tierra. Pues eso. 


domingo, enero 10, 2016

NOTICIA 1555ª DESDE EL BAR: CUARTO CENTENARIO CERVANTINO

"—Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.

—¡Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana."

(Miguel de Cervantes, fragmento del capítulo final de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, 1605-1615).

Miguel de Cervantes murió el 22 de abril de 1616. ¡Un 22 de abril! Fue fina su puntería. También la de Shakespeare. Pero eso es otra historia. La cosa es que el año pasado se celebraron los cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte de El Quijote, así que acorde con este otro aniversario del año de su muerte se puso en marcha la maquinaria de los actos de homenaje llamado "Cervantes Infinito". Comenzaron a remover los huesos de las catacumbas de la iglesia donde fue enterrado en Madrid en busca de lo que quedaba del escritor. Extraño modo de homenajear a la española, donde se remueve a los muertos mientras que su obra sufre junto con otras obras los recortes en bibliotecas y archivos para ser conocida, y en las aulas se ve como menguan o desaparecen asignaturas destinadas al conocimiento de las enseñanzas de la Literatura, la Lengua, el pensamiento, la Historia, cualquier cuestión de las Humanísticas. 

Sea como sea, la cosa es que Cervantes fue bautizado en Alcalá de Henares y, puesto que su padre trabajaba en el Hospital de Antezana, en la Calle Mayor, como cirujano barbero, o sea que te afeitaba lo mismo que te hacía una cura rápida o te cosía un corte en tu propia carne, se da por hecho que Cervantes, como parece evidente, es nacido en Alcalá. Bueno, uno dice este argumento porque los políticamente correctos reclaman desde todos lados que se diga así, ya que hay tantos que le reclaman. Si uno va al Archivo de Protocolos de Madrid, allí en los expedientes de censura de los siglos XVI-XVII, entre los años que publicó Cervantes, encontrará los documentos que el propio Cervantes muy adulto rellenó, viviendo en Valladolid, contestando a las autoridades que él era de Alcalá de Henares. No voy a entrar en razones de esto o de aquello, de los unos, de los otros, de los de acá, de los de allá, porque pum, porque pam, puesto que me parecen conversaciones ya tan escuchadas y tan metidas muchas en tópicos ya superados hace mucho, pero que hay tanta gente empeñada en no deshacerse de ellos... pues prefiero no comentarlo.

Una de las personas que más sabe de Miguel de Cervantes vive en Alcalá de Henares, se trata del catedrático Emilio Sola, que fue profesor mío en mis años de carrera universitaria. Le ha dedicado toda una vida de estudios consultando incluso archivos argelinos, italianos y turcos, no sólo españoles. Gracias a Emilio sabemos muchos aspectos de la vida del escritor que iba para médico, que pasó a ser soldado, luego cautivo, espía, después recaudador de impuestos, encarcelado por malversación de fondos de lo que iba destinado a la Gran Armada, famoso por escritor. Sola define a Cervantes como una persona totalmente diferente a los otros escritores españoles de su época, ya que en él hay un cosmopolita, alguien que incluso intuye la solución de los problemas del mundo con la mezcla cultural, cosa que desliza en una de sus novelas con un matrimonio entre un cristiano y una musulmana. 

Aún con todo, yo conocí El Quijote de niño, como casi todos los españoles. Quién más quién menos en España sabe que una parte de nuestra cultura popular y uno de nuestros puntos de unión es precisamente esta historia, que está considerada la primera novela moderna propiamente dicha. Viajar en tus vacaciones, ver un molino antiguo y que tus padres te contaran lo de los gigantes era algo común. Publicidad, cuentos, para mi generación hasta dibujos animados, los más avanzados hechos en España en aquella época. Y películas, muchas películas. En el instituto de bachillerato te pedían leer los primeros capítulos de la primera parte. Yo leí la novela entera. Las dos partes. Me costó meses, pero lo hice. Fue en 1996, tenía 17 años. Fue el libro que destaqué de entre los libros que leí ese año. Me lo leí por gusto. Porque quería. Me gustó mucho su sintaxis, que es una sintaxis complicadísima, barroca, pero no hay nada que esté mal en la construcción de sus frases. Las frases pueden ocupar muchas líneas, y sin embargo nada falla. Son como laberintos donde todo encaja. Como los intestinos enrevesados dentro de ti, que juntos bajo tu piel encajan dentro de tu cuerpo, que no tiene las dimensiones enormes que necesitaríamos si se colocaran en orden lineal.  Se trata de un libro muy recomendable por una gran multitud de aspectos, no sólo lingüísticos y no sólo literarios. 

Yo soy uno de esos españoles que se han leído el tal libro por gusto y entero, en su versión íntegra, y que además le ha gustado. Y no es cosa de poco. Según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas que se publicó en julio del año pasado el 40'9% de los españoles no han leído jamás El Quijote, ni entero ni parcialmente, de ninguna manera. Un 38% sólo lo han leído de manera abreviada, versionada o fragmentos o capítulos sueltos. Así que de entre los españoles no se han leído el libro más emblemático de nuestra Literatura el 78'9%. Sólo se lo había leído completo, según ese estudio, un 21'6% de la gente, o sea: menos de un cuarto de la población española, aunque todos conocían a sus personajes, ¡ojo!, no a todos. Ahora bien, el mismo estudio venía de otro anterior que detectó que el 54% de los españoles no lee libros nunca. Más de la mitad de la población. Esto es mucho más preocupante que la cantidad de gente que se ha leído El Quijote. Si Cervantes es  nuestro representante cultural en la Literatura más reconocido, lo preocupante en 2016 no es si aquí o allí se van a poner más o menos chorizos y morcillas en un mercado anacrónico para celebrar su aniversario en honor a los turistas, lo preocupante es que el 54% de los españoles no leen libros. 

Se necesitan políticas culturales serias, y estas sólo lo son cuando se planifican transcendiendo el tiempo limitado de los gobiernos elegidos en urnas. Con un proyecto del tipo de ciudadano que se desea formar. Tal como vamos parece que los que han ido creando las políticas culturales y educativas de las últimas décadas lo tienen claro: quieren un ciudadano que no tenga herramientas con las que pensar por sí mismos. La lectura abre mentes, da ideas y ayuda a crear reflexiones propias. Leer además es un placer muy estimulante. Estamos en las épocas de la inmediatez, del todo ya, con eso en la mesa es difícil hacer algo. También es difícil sentir algo de orgullo en un homenaje como este mientras se preocupan si se hacen o no se hacen chiringuitos turísticos y a la vez se maltratan políticas plenamente volcadas en la Cultura con mayúscula, en la formación del ciudadano.

De entre el 21'6% de los españoles que sí hemos leído completo el libro de El Quijote tenemos que el 54'1% lo ha hecho por motivos de estudio, o sea: obligados, forzados... más de la mitad de los lectores. Esto es muy triste, aunque no neguemos la posibilidad de que a parte de ellos les gustaría, a otros no, estarían obligados por las circunstancias, pero a alguno le gustaría. Sólo a un 30% le dio por leerlo por sí mismo, porque le interesaba, porque lo quería hacer. En esos estoy yo. Somos realmente pocos... un 30% salido de entre un 21'6%. No es para estar orgullosos, pero repito, no tanto por esto, si no por cuanta relación tienen estos datos con ese 54% de españoles que no leen libros y todas las fases intermedias de españoles hasta llegar a los que sí leen libros y muchos y por gusto. 

Se suele escuchar mucho en los últimos años que algo pasa en España con todas las cosas que suceden, ¿cómo no van a pasar a la vista de los datos de los que algunos se sentirían incómodos y otros sentirían sólo relativo afán de chiste y mofa? Quijote y Sancho, eso somos los españoles. Nos caló bien don Miguel, un hombre viajado.

Cervantes tiene otros muchos libros y obras de valor. Su poesía no era muy buena, aunque algunos la quieren poner en alza ahora. No siempre fue bien apreciado. En el siglo XVIII su obra, en general, estaba considerada como una obra sin utilidad por parte de intelectuales, pero el siglo XIX y su peculiar comienzo en España hizo de El Quijote metáfora de los millones de caballeros andantes descabalgados que vivían aquí. Nacer español, nacer Quijote, o Sancho, que los hay. Aunque yo creo que nacemos ambas cosas. No, no se equivocaba mucho don Miguel.

Pues queda así comenzado el año del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, ojalá sea un año de un repentino amor por la lectura por parte de los españoles, pero mucho me temo, Rocinantes y Rucios, Dulcineas y Teresas, que eso es luchar contra gigantes, porque para lograr eso difícil es el gobierno de la ínsula, Barataria, como un sueño volador a lomos de Clavileño, mientras los presos de galeras se escapan, se derrama el vino de los odres, mantean a Sancho, ayuna Quijote, el barbero se disfraza de Caballero Luna, el cura quema los libros en una pira dentro del patio de la propia casa, la noria da vueltas en el río, Avellaneda escribe unos torneos en Zaragoza, y por unos y por otros, nos quedamos de Cervantes claramente los huesos.  

Para leer El Quijote: La Primera Parte y aquí la Segunda Parte. Saludos y que la cerveza os acompañe.