lunes, agosto 24, 2015

NOTICIA 1515ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 7 de 13)

Luis Abad, Chicha "Excelentísimo Chechu", Ramón Sánchez, Zia Mei y yo hemos llegado a la mitad del relato. Jesús "Chicha, Excelentísimo Chechu", El circo de Chicha, pinta hoy el capítulo. El trabajo de los ilustradores está siendo un trabajo impecable, personalmente estoy muy contento con los resultados. Que la cerveza os acompañe en la lectura.


UN MAL BUEN INICIO
Capítulo VII



Depositó el libro con gran cuidado en la mesa, no quería dañarlo. Era una segunda edición de principios del siglo XIX algo ajada. Una colección de Odas de Keats, tal vez su obra más hermosa. Colocó el separador y lo dejó abierto por la “Oda sobre una urna griega” que tenía subrayada la frase:

¿Quiénes son los que vienen hacia el sacrificio?
¿A qué verde altar, extraño sacerdote,
guías esa novilla que muge a los cielos
con sus sedosos flancos ornados de guirnaldas?

También depositó la placa Petri con 3 gotas de sangre, dos viejas de Cebríán y Albescu, y una nueva. Limpió la mesa por si la pudiera haber manchado de algún modo. La figurilla de barro cocido con cuatro puntos esta vez tenía forma de cánido. Observó el bodegón, recogió la bolsa y se marchó. Cuando atravesaba el umbral de la puerta se topó con una mujer que entraba deprisa, cuando se cruzaron percibió su aroma. Ya bajaba la escalinata cuando ella lo llamó:

-¿Disculpe?- Grito la inspectora Ruiz-, ¿este es el edificio de Trinitarios?

-Sí, ¿en qué puedo ayudarla?

-¿Ha visto algo raro?

-¿Quién lo pregunta?

-La policía- dijo señalando la placa que llevaba atada al cinturón.

-No he visto nada raro, pero había mucho ruido en los sótanos.

-Gracias.

-Perdón.

Ruiz se giró impaciente.

-¿Qué?

-¿Eso que lleva es Agua de colonia Álvarez Gómez?

-Sí –Ruiz sintió como se ruborizaba y se llevó la mano al cuello donde solía echarse una gotitas por las mañanas. Él se marchó y ella entró algo desorientada en el edificio.

Que empezara por los sótanos le daba el tiempo necesario para salir tranquilamente de allí. Para cuando encontrara el bodegón estaría ya en casa. Se había gastado casi todo sus ahorros en montar aquella exposición en la casa de la entrevista. Había tenido que soportar al artistilla de mierda de Manuel Roncallo y su lamentable proyecto audiovisual de danza e imágenes grotescas. Pero al final había podido insertar dentro de la exposición el stand que había diseñado. Ya era hora de sacar a los monstruos a la luz. Desnudo de espaldas y atado por las manos a la pared estaba Javier Cercal. Una bola de sadomasoquismo cubría su boca. Tras el metacrilato los visitantes de la exposición comenzaron a desfilar. Proyectada sobre la pared iba apareciendo su historia, cómo intentó dejarle su mujer, cómo la abofeteó y cómo tras pillarla llamando a la policía, finalmente, tras diecisiete puñaladas consiguió acabar con su sufrimiento. También cómo tras un breve juicio había sido condenado por homicidio involuntario y soltado al ya haber cumplido nueve meses de cárcel. Una manguera de alta presión permitía al gusto dispararle agua al hombre, también un pulsador rojo daba pequeñas descargas eléctricas que se trasmitían por todo su mojado cuerpo. 217 personas acudieron a la apertura de la exposición y desde su casa por el circuito de cámaras de seguridad vio como todos castigaban sin piedad al supuesto actor por su supuesto crimen. No fue hasta el cierre cuando un miembro de seguridad se dio cuenta de que algo iba mal. Pero ya no había vuelta atrás, Cercal había perecido. Cuando los forenses lo desamordazaron encontraron en su boca una figura circular de barro con tres puntos. Por dentro del stand, de modo que solo podía ser leído por Cercal, había una frase, “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.


Helena Cobeño tarareaba distraída la melodía del prólogo de “Simón Boccanegra” de Verdi. Su padre pasaba de la alegría, a la ira y declamaba un interminable monólogo sobre la incompetencia de la policía, del país y hasta de sí mismo. Ya había visto esta obra varias veces, el padre amantísimo que se desvive por su única hija. Lástima que su padre por mucho que dijera, al final, nunca le hacía caso. Tan solo si gastaba más dinero de la cuenta la llamaba. Tampoco le importaba mucho, siempre había sido así, al menos desde que murió su madre. Pasaba meses sin verle. A pesar de su juventud, apenas llegaba a los 24 años, Helena hacía tiempo que era una adulta y vivía sola. Su padre se despidió y juró que la sacaría de allí cuánto antes. Volvió a quedarse sola en la habitación. Acarició la cruz que colgaba de su cuello. Cogió el bolígrafo con el que había firmado su declaración y se levantó. Se miró en el falso espejo, de cerca. Se tocó las ojeras y giro levemente la cabeza. Su brazo se extendió con tranquilidad hacia atrás para luego impactar con brutal fuerza en el espejo. Antes de poder reducirla entre tres policías había rayado en el espejo con el bolígrafo: ¿Por qué yo?

sábado, agosto 22, 2015

NOTICIA 1514ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 6 de 13)

Sexto capítulo de Un mal buen inicio. El relato conjunto con, y ideado por, Luis Abad, hoy con ilustración de Ramón, Ramonadas. Que la cerveza os acompañe.

UN MAL BUEN INICIO
Capítulo VI



-Dice que la dejó en el Ruiz de Velasco –le comentó a Fabra a Ruiz cuando esta llegó a la sala del otro lado del espejo.

-¿El pabellón Caja de Madrid?

-Sí.

-Puede que sea de Meco. ¿Qué ha contado de él?

-Le defiende.

-Síndrome de Estocolmo.

-No me parece un síndrome de Estocolmo habitual –dijo Fabra mirando a través del espejo a Helena Cobeño siendo interrogada por una agente de uniforme.

Helena era una víctima, realmente no debía estar en aquella habitación, pero algunas de las cosas que había dicho se salían de la clásica víctima de un rapto. El único lugar de la comisaría donde podían hablar en un falso ambiente de intimidad que diera confianza a la civil era aquella habitación de interrogatorios. Le habían dicho que en esos momentos ese era el lugar más tranquilo de la comisaría. Mientras la agente de uniforme hablaba con ella acompañada de otra agente con un café para ella, al otro lado del espejo la escuchaban Fabra, Ruiz y otras cinco personas más. Su padre estaba aún por llegar desde Madrid.

-Lleva una camiseta con el gato de Alicia en el País de las Maravillas –comentó Ruiz.

-El gato de Cheshire, con su sonrisa de lado a lado. Macabro, pero da confianza a la pequeña Alicia.

-¿La ropa es suya?

-No. Se la dio él. En realidad si te fijas debajo del gato pone “The big brother and the holding company”, es el primer cartel de un concierto de Janis Joplin antes de ser famosa y ponerle su nombre a su grupo. El gran hermano era una referencia al hermano mayor, el que te vigila y cuida de tipo un medio u otro, como en la novela de George Orwell.

-¿Sabemos si su raptor es nuestro asesino? Podría ser simplemente un camello de droga.

- Sí claro, por supuesto. ¿De dónde sacas eso?

-Oh, venga, no me digas que no has pensado en ello alguna vez –dijo Ruiz con media mueca de sorna en la boca-. No se deberían llevar camisetas de grupos o cantantes de rock. Fomentan el uso de drogas. Sus vidas no son nada ejemplares. Ya sé que puede sonar a estupidez, pero y si ella misma está drogada y por eso le defiende.

-No me parece drogada –dijo Fabra-. Es cierto que todo puede ser lo contrario de lo que parece, el propio libro de Orwell está sacado en realidad de otro de Zamiatin, pero no veo consistente tu teoría de la camiseta y las drogas. En principio aún no hay nada que nos haga pensar que su raptor sea nuestro asesino. De hecho quizá estemos perdiendo el tiempo en este interrogatorio.

-¿Y que es eso que le cuelga del cuello? No parece un collar –Ruiz se acercó al cristal del espejo.

-Ya me fijé –dijo Fabra sin moverse-. Es un escapulario trinitario. Los trinitarios son una orden religiosa que en el pasado se dedicaron a reunir dinero para salvar cautivos cristianos presos de los corsarios musulmanes de Berbería o del Imperio Turco. Cervantes fue liberado por ellos mismos.

-Pareces una enciclopedia.

-Os queréis callar, por favor –dijo un policía de uniforme a su lado.

Ruiz se fijó en la cuerda morada que le pasaba a Helena Cobeño por el cuello para sujetar aquella imagen. Su intenso color morado de la Pasión de Cristo sujetaba precisamente a un Cristo togado de morado en un escapulario díptico, lleno Él de llagas sangrantes de su martirio, maniatadas sus manos con fuertes cuerdas de esparto, rostro sufrido y macilento, casi apuntando ya los colores de la muerte. A su lado una cruz con aspas azul y rojo.

Fabra y Ruiz se miraron. Fabra sacó un pequeño bloc de notas donde anotó pequeños comentarios para seguir la conversación.

“Fíjate en las frases que nos dejó en los dos cadáveres”. A continuación señalaba a la hoja anterior donde estaban anotadas junto al dibujo que hizo del primer cadáver. Se leían: “¡Qué bella imagen; lástima que no tenga cerebro!” y “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos veces, la culpa es mía”.

Ruiz anotó: “Ella no traía ninguna frase escrita”.

Fabra: “Nos quedaremos con el retrato robot que describió antes, por si acaso, pero puede que no tengamos que estar aquí ya. Luego pediremos la transcripción”.

Ruiz: “Ok”.

Los dos inspectores daban aquello por perdido para su caso y se disponían a irse cuando les llamó la atención que ella sacara algo de su bolsillo para dárselo a la agente del otro lado del cristal. Se trataba de una figurita de barro con forma antropomorfa con dos puntos negros dibujado sobre sí. La extraña figurita que recordaba las cinematográficas figuras de la magia negra del vudú cobró un aspecto espeluznante cuando las palabras de Helena Cobeño dijeron:

-Jennifer Cebrián y Olga Albescu entregaron su carne como prenda.

-¿Perdón? No entiendo –dijo la agente de uniforme del otro lado del espejo.

-Me dijo que les dijera eso cuando les diera este muñeco –dijo temblorosa Helena Cobeño mientras instintivamente tocó con la punta de sus dedos el escapulario trinitario-. Jennifer Cebrián y Olga Albescu entregaron su carne como prenda.

Al otro lado del espejo todos los agentes acercaron su nariz al cristal como queriendo escuchar algo que acababa de dar un giro inesperado, a pesar de que todos esperaban un enlace con los casos de asesinatos.

-Creo que ya no tenemos que buscar más las identidades de los cuerpos mutilados –dijo Ruiz-. Vamos a tener que hablar mucho con Helena Cobeño.

-Sí –afirmó Fabra con voz contundente-, pero no ahora. Nos vamos rápido.

-¡Eh! Pero si ahora si tenemos un enlace entre este caso y los asesinatos. Es nuestro caso. Deberíamos ser nosotros quienes estemos en esa sala.

-No. Algo me hace pensar que debemos ir rápido a buscar algo al único lugar donde hubo trinitarios en Alcalá.

-¿A Trinitarios?

-Sí, a la Facultad de Estudios Norteamericanos de la universidad. Allí está el Instituto Benjamín Franklin, no me gustaría que esto se hiciera internacional. Ya de por sí es suficientemente malo.

-Está bien –suspiró Ruiz-. Sueles tener razón, vayamos, pero necesitamos saber qué se ha dicho en este interrogatorio, de hecho deberíamos interrogarla nosotros.

-Ya tendremos tiempo, y este lo podremos ver en el vídeo grabado. Creo que esto es urgente.

-Os queréis callar –volvió a decir el anterior policía.


Fabra y Ruiz se fueron de allí con rapidez. Ruiz recogió su bolso estirando rápidamente su mano. Fabra salió como si de otras épocas fuera.

Al otro lado del espejo Helena Cobeña con sus marcas de heridas por cadenas en los tobillos describía sin gran trauma algo que no vio, los dos cuerpos descuartizados.

jueves, agosto 20, 2015

NOTICIA 1513ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 5 de 13)

Luis Abad y un servidor llegamos al quinto capítulo con ilustración de Chicha "Excelentísimo Chechu", El circo de Chicha. Mientras Ramón Sánchez y Zia Mei trabajan en sus ilustraciones de los siguientes capítulos, hoy estamos en casa del asesino. Que la cerveza os acompañe.


UN MAL BUEN INICIO
Capítulo V

-Bien, repasémoslo una vez más –Helena se frotaba el tobillo entumecido de los días encadenada y respiraba nerviosamente cada vez que oía que se cruzaban con otro coche.

¿Cuán fuerte tendría que gritar para que la oyeran? Pero él la iba a soltar. O eso le había jurado. ¿Por qué le iba a hacer memorizar un mensaje si estaba muerta para darlo? Ni siquiera la había tocado. Durante los primeros días esperaba que alguien sudoroso entrara en la caseta y abusara de ella o algo peor. Su mente había divagado por ideas realmente terríficas. Pero él siempre había sido educado, respetuoso, o al menos todo lo respetuoso que se puede esperar de un secuestrador. 

-Una última vez, cariño.

-Vale, me dejarás en el parking del pabellón Caja Madrid. Entonces tengo que ir a la policía y entregarme. Tengo que solicitar hablar con quién esté al cargo de la investigación. Y entonces contarle lo de Jennifer y lo de Olga. Después cuando me llame la prensa tengo que explicárselo todo llevando el escapulario trinitario de manera bien visible. 

-Perfecto –Giró suavemente a la derecha y paró el coche-. Pues ya hemos llegado. Recuérdalo bien, sobre todo la cruz, ¿De acuerdo? Antes de que bajes quiero volver a pedirte perdón. Te has visto involucrada en todo esto sin tener nada que ver. Solo espero que pronto puedas olvidarlo todo y seguir adelante.

-¿Sabes? Hay una cosa que no entiendo –Según habló se arrepintió, “por qué no sales por patas antes de que cambie de opinión” se gritó a si misma en silencio-. Déjalo, da igual…

-No, pregunta lo que quieras. De verdad.

-Te he visto la cara…

-¿Y?

-Que me pedirán que te describa.

-Oh, no te preocupes. Les puedes decir como soy. No hay problema. Bueno si quieres ser algo vaga te lo agradecería, pero no creo que tenga derecho a pedirte nada en realidad. 

-¿Puedo quitarme el pasamontañas ya?

-Baja del coche, cierra la puerta y cuenta un minuto. Después puedes quitarte el pasamontañas.

Bajó del coche a tientas, cerró la puerta y comenzó a contar. Sin poder controlarse comenzó a llorar. Perdió  la cuenta y estuvo un buen rato temblando, cuando le pareció que había pasado suficiente tiempo se quitó lentamente la capucha. La luz la cegó por un instante, cuando puedo enfocar vio que estaba en el pabellón Caja Madrid. Cayó de rodillas y siguió llorando un rato. Se levantó, se limpió los ojos con las manos y se colocó el pelo en un acto reflejo. Según entraba por la comisaría agarraba con fuerza la figurita de barro con dos puntos negros y el escapulario con la cruz patada. De repente se sentía totalmente agotada y el stress y la tensión acumulada rompieron el dique. Se desvaneció antes de llegar al mostrador. 

…   ...   ...

La lluvia repicaba en el techo de uralita. Por las diversas goteras se filtraba el agua y la luz de los relámpagos intermitentes. Los canalones desbordados tenían fugas diversas. El olor a tierra mojada inundaba todo de frescura. Cerró el libro y lo dejo sobre la mesa del patio, se estiró y apagó la radio. Entró en la casa y rebusco en un armario. El joven muchacho de cinco años que estaba en el sofá le miró pasar. 

-No quiero. Me quiero ir.  

-No te puedo dejar ir- Dijo con tono cansado, mientras cogía unas tijeras.

-Gritaré.

-Grita todo lo que quieras  

-Te odio. 

-El odio no es un mal sentimiento Juan, es una de las mejores motivaciones. Solo hay que saber administrarlo. Y ahora acabemos con esto –le cogió en volandas y se lo llevó mientras pataleaba y le mordía–. ¡Basta o me enfadaré!

Cuando terminó con el muchacho parecía tan poca cosa. Ya no se quejaba. Entró en la cocina y preparó un bocadillo de atún con el pan que le había sobrado de la comida. Volvió al patio y se lo tendió al muchacho.

-¿Sabes? Neymar lleva el pelo cortado así. Cómetelo todo o tu madre nos echará la bronca otra vez.

-¡¡¡Pero es que yo soy del Madrid!!!

-Nadie es perfecto.

-Ja ja ja -dijo en tono irónico el muchacho. Una bocina de moto sonó en la calle. Juan se despidió y salió corriendo entre la lluvia. Su padre le esperaba en una Scooter en la puerta de la calle.

-Gracias por todo Capitán -gritó el padre de Juan-. No sé qué haríamos sin usted.

-Hasta mañana.

Entró de nuevo en la casa, volvió a encender la radio. Barrió los pelos de Juan y los tiro en el cubo de la basura grande. También vació la pequeña papelera de la caseta, recogió las sábanas y las puso en la lavadora. Se sentó y continuó leyendo.

martes, agosto 18, 2015

NOTICIA 1512ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 4 de 13)

Fabra y Ruiz tienen para desayunar otro cadáver. Llegamos al cuarto capítulo de Un mal buen inicio. El relato conjunto con, y ideado por, Luis Abad, cuenta hoy con ilustración de Ramón, Ramonadas. Mientras que con Chicha "Excelentísimo Chechu" y Zia Mei vamos perpetrando el resto espero que os vaya gustando esta historia de crimen. Que la cerveza os acompañe.


UN MAL BUEN INICIO
Capítulo IV


*…Habrá un cambio en profundidad en los componentes del actual ejecutivo. De momento el ministro que se ha confirmado que no renovará al frente de su cartera es Wert. Dejará Educación, Cultura y Deporte para ser embajador de ACNUR en…

La voz del telediario de vez en cuando sobresalía entre el ruido de las conversaciones y el sonido de tazas de café, en competición con el estruendoso ruido de la cafetera industrial que calentaba la leche con un chorro de agua caliente sumergido en la lechera que sujetaba el camarero. Fabra había escuchado por encima alguna de las noticias. Un secuestro, una crisis de gobierno, combates en Oriente Próximo con bombardeos aéreos. El periódico deportivo tenía una mujer en bikini en su contraportada que afirmaba gustarle el esgrima. Dejó el diario sobre la barra, fue rápidamente atrapado por un hombre calvo y cercano a su jubilación. Fabra se reclinó sobre la barra pensando mientras observaba el interior de su taza. Las noticias de la televisión aún no habían dicho nada de Operación 38, a pesar de que el día anterior había ocupado un mínimo de cuatro minutos en la sección de noticias nacionales en un par de cadenas. Probablemente ese día volverían a hablar de ello cuando llegara la parte de sucesos. La noticia del día era la crisis de gobierno. Volverían sobre el torso mutilado de la Operación 38 cuando el presidente Rajoy volviera a su laconismo de no decir nada nuevo. Su unidad había tenido especial cuidado de no dejar pasar demasiada información, así que los periodistas tampoco tenían demasiado material con el que trabajar. Sólo la prensa local le dedicaba extensos espacios informativos. Aún no le había dado tiempo a escuchar las emisoras de radio asentadas en la ciudad. El semanario Puerta de Madrid acababa de publicarse, no les había dado tiempo a llevar a la imprenta nada sobre el crimen. Pero el Diario de Alcalá, a través de su página cibernética había dado ya hasta tres titulares relacionados. Fabra barajaba en su mente cómo podría hacer reaccionar aquello a su presa. Aquello era el ajedrez.

La inspectora Ruiz llegó desplomando su pesado bolso sobre la barra, casi rozando el platito que atrapaba el poso del café de Fabra. Saludó, pidió rápidamente otro café y un pequeño bocadillo del tipo pulga de atún y se fue enseguida al servicio. El camarero trajo lo pedido. Fabra pagó toda la cuenta con monedas sueltas. Era la cantidad exacta. Se quedó embelesado mirando la pulga de atún. El leve color marrón claro del pez lleno de aceite de oliva asomaba por los bordes del pan. Le resultaba extraño que aquel animal hubiera nacido libre en el mar, quizá en el Atlántico Norte, quizá en las aguas de Cádiz o en las de Asturias, y que hubiera vivido ajeno a que su futuro era ser devorado no por otro pez, sino por seres humanos, en concreto por la inspectora Ruiz, dentro de un pan cuyo origen estaba en el trigo de un campo lejano también a Alcalá de Henares. Allí, a cientos de kilómetros del mar, sin que Ruiz jamás se hubiera subido a un barco a pescar, ni hubiera ido todas las mañanas a cuidar del trigo de algún lugar quizá de la meseta española, en el centro de la península Ibérica, reposaban los restos mortales de aquel pez muerto por otros y cuidadosamente preparado para poder ser comido por personas cuyo único mérito era haber pagado por ello. Aquel atún ya no tenía ni forma de atún. Un atún era un animal formidable y enorme que costaba años que adquiriera el maravilloso cuerpo lleno de fuerza que le propulsaba por las corrientes marinas. Luego el acoso en las almadrabas por parte de unas cuentas personas, o la red de un potente barco de pesca de una empresa multinacional que arrastraba sin distinción toda clase de vidas acuáticas y su final era terminar como un pequeño pedazo de su cuerpo interior ahogado en aceite de oliva. Algo tan lejano a la forma de un pez que, aunque se supiera que era un atún, a nadie le recordaba su pasado, nadando libre… y ni siquiera quien lo comía había luchado con aquel pez para pescarlo.

Ruiz regresó del servicio y le dio un bocado al bocadillo. Fabra le pasó una servilleta de papel para que se limpiara un poco de aceite que le resbaló por las manos. 

-No es por darte el desayuno –dijo Ruiz-, pero llego algo tarde porque han encontrado otro. En Nueva Alcalá, camino del Cementerio Nuevo. Esta vez tiene cabeza y de todo, estaba atada a una rama de un árbol con cuerdas rematadas con cabezas de serpientes decorativas y una corbata de seda. 

-Muy imaginativo. Ahora nuestro caníbal es un nigromante y un capo de la mafia colombiana a la vez.

-Debió costarle subirla allí. Me llamaron por teléfono para que fuéramos. Pedí que me mandaran una fotografía. Mira

Fabra cogió el teléfono móvil de Ruiz y observó el nuevo cadáver, colgando con las cuerdas enroscadas como auténticas serpientes.

-Hay más –dijo Ruiz-, llegó a la comisaría una nota sobre el primer cadáver con un muñeco de barro con un punto negro –Ruiz le enseñó la nota que aludía negramente a la falta de cerebro en vida de quien fue la primera víctima, la decapitada. Aquello hizo sonreír al inspector Fabra. Le gustaba el humor negro.

Ruiz también le dio la fotografía de Jennifer Cebrián. Fabra lo miró todo en sus manos. Leyó aquella nota, “¡qué bella imagen; lástima que no tenga cerebro!”.

-¿Tenía alguna nota? –preguntó Fabra terminando de un trago su café y señalando con la cabeza el segundo cadáver.

-Sí. Decía: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos veces, la culpa es mía”. Y otra piedra de barro, con dos puntos –contestó Ruiz.

-En el laboratorio me dijeron esta mañana que no hay rastros de agresión sexual en el cadáver de O’Donnell. Estamos buscando desaparecidas en la ciudad, pero no hay ninguna denuncia. Aunque tengamos su ADN va a ser difícil identificarlo con alguien. Si encontráramos el del asesino en él, tal vez…

-Eso sólo si fuera un  agresor sexual, sólo les registramos el ADN si lo son, pero no hay agresión sexual. ¿Y si nuestro carnicero fuera una mujer? Pensamos que el 38 era su número, es un pie pequeño. Podría ser una mujer.

-Podría –dijo lacónico Fabra mientras le recogía el bolso a Ruiz para animarla a que acabara rápido su taza.

-Oye, dame un respiro. Sé que tenemos prisa, pero no le van a bajar del árbol ya.

Una llamada de teléfono sonó en el móvil de Fabra. El inspector contestó monosilábico y colgó.

-Da por terminado tu desayuno tardío, la hija de Cobeño, la secuestrada de las noticias, vivía en Alcalá.

-¿Qué noticias?

-Vamos –dijo Fabra saliendo por la puerta con el bolso de ella.

-¡Eh! –exclamó Ruiz en protesta mientras salía rápida detrás de él. 

-Quien sea el autor de todo esto nos lleva ventaja, no hacemos más que estar a la espera. Hay que encontrar algo que nos saque ventaja –dijo Fabra alcanzando la puerta del conductor de su coche.

En la barra del bar quedó abandonado parte del atún a medio comer entre rodajas de pan.

A las redacciones de periódicos estaba llegando la nota del primer asesinato.

domingo, agosto 16, 2015

NOTICIA 1511ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 3 de 13)

Siguiendo con el tercer capítulo del relato conjunto con Luis Abad y las ilustraciones de Chicha "Excelentísimo Chechu", Ramón Sánchez y Zia Mei, hoy el asesino pasea por La Gatera, uno de los veteranos del rock complutense. La ilustración de hoy está al cargo de Jesús "Chicha, Excelentísimo Chechu", El circo de Chicha. Que la cerveza os acompañe.



UN MAL BUEN INICIO
Capítulo III


“Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos veces, la culpa es mía”

Así rezaba la nota clavada a los pies del cadáver. Le costó bastante atarlo al árbol. Quedó bastante satisfecho con la estampa, colocado sobre el suppedaneum con las manos atadas por la espalda con una cuerda con cabezas de serpientes en las puntas. Pensó "es recargado, excesivo, absurdo. Todo sea por el personaje", se dijo. Colocó la corbata de seda en el cuerpo desnudo. No se fiaba de que la policía averiguara por si misma su identidad. Además le daba un toque de elegancia. Abandonó el barrio de Nueva Alcalá dando un tranquilo paseo. Ojeó el escaparate de una tienda de bicicletas y siguió caminando hasta llegar a “La Gatera”.

-¿Aún abierto? -preguntó-. ¿Me da tiempo a una rápida?

-Si -dijo el dueño del bar dubitativo–. Mientras termino de barrer, ¿Mahou?

-Sí, por favor.

Cogió unas cuantas pipas y reprimió una arcada al volver a oler la lejía de sus manos. Tengo que buscar otra alternativa para el olor, se dijo. Sonaba “You can´t always get what you want” de los Rolling Stones cuando llegó la cerveza.

-Gran canción -le dijo al camarero.

-Desde luego -dijo sin ganas de emprender una conversación.

-¿Sabe que la batería no la toca Charlie Watts?

-¿No?

-No, no conseguía cogerle el ritmo. Así que al final la tocó el productor Jimmy Miller. Jagger era así, no toleraba que las cosas no salieran exactamente como él las imaginaba. No le importaba pasar por encima de la gente.

-No lo sabía.

-Si, siempre ha sido un tío muy exigente. Pero tuvo su merecido en el cine.- El camarero le miró con cara de no entender –Jagger rodó varias escenas para la película “Fitzcarraldo” de Werner Herzog, pero el director las desechó todas por su pésima interpretación. Me imagino el cabreo que se debió pillar.

El camarero volvió a barrer, cuando se volvió ya no había nadie. Solo un billete de cinco euros con olor a limpia suelos sobre la barra.

Helena Cobeño intentó forzar de nuevo la puerta de la caseta. Le dolían los dedos de raspar los bordes de las ventanas y las cerraduras de la puerta. Estaba asustada, pero sobre todo estaba desconcertada. La cama era muy cómoda, el baño estaba impoluto, la comida era deliciosa. No recordaba cómo había llegado a la caseta, desde luego la habían drogado de alguna manera. Lo último que recordaba era estar en su casa viendo la televisión. Y después nada. Un intenso dolor de cabeza, un sabor de boca terrible y despertarse encerrada en la caseta. Llevaba varios días allí, por su cabeza habían pasado mil ideas de lo que le podía pasar y ninguna era buena. Sin embargo aquel tío era educado, alegre incluso. Eso era lo que más miedo le daba. No sabía a qué atenerse. ¡Si hasta le había comprado compresas! Cuando volvió a casa le llamó. No gritó, de eso ya se había cansado. No servía de nada, debían estar en algún sitio aislado. Le llamó por su nombre o al menos por el nombre que él le había dicho. Julio.

-Buenos días cariño. ¿Cómo estas hoy? ¿Quieres salir a tomar el sol?

-Sí, por favor –la puerta se abrió y salió a la cegadora luz del patio arrastrando la cadena que llevaba en el pie-. Se ha acabado el papel.

-Vaya. En seguida te traigo más.

-¿Por qué haces esto? ¿Por qué me tienes aquí como a un perro?

-Cariño, ¿qué dijimos de levantar la voz? -Helena se tranquilizó un poco, más por temor que por respeto- Estás aquí como un medio para un fin. Te dije que no tuvieras miedo. Si quisiera hacerte daño, ¿qué me lo impediría? Verás tengo una buena noticia, hoy vas a poder ver la televisión. Una gran sorpresa. Papá va a salir por la tele.

Arrastró la mesita con la televisión hasta que quedó en la puerta del patio, se fue para volver con un rollo de papel higiénico, lo colocó en el baño de la caseta acercó las dos butacas delante de la tele y abrió una botella de vino. Cuando Helena se acostumbró del todo a la luz le tendían una copa. El telediario comenzó mientras se sentaba en el butacón. Miró recelosa a su captor que sonreía plácidamente.

* Buenos días, son las 12 de la mañana y vamos con las noticias del día. El empresario Samuel Cobeño ha anunciado en una rueda de prensa que su hija lleva varios días secuestrada. En una escueta comparecencia ha anunciado que ha cumplido las exigencias de los secuestradores y ha donado cuatro millones de euros a distintas organizaciones para la educación y alimentación de niños en riesgo de exclusión y familias pobres. También ha pedido que por favor liberen a su única hija. Samuel Cobeño es famoso por su labor como liquidador de empresas. Labor que le ha valido el apelativo de “El enterrador”. También se le ha ligado con diversos gobiernos poco democráticos. En otro orden de cosas el gobierno ha ratificado esta mañana que…

jueves, agosto 13, 2015

NOTICIA 1510ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 2 de 13)


Luis Abad, Chicha "Excelentísimo Chechu", Ramón Sánchez, Zia Mei y yo iniciamos conjuntamente la publicación de un relato breve de novela negra en trece capítulos, ambientado en Alcalá de Henares. Hoy toca el segundo capítulo, ilustrado por Ramón, de Ramonadas. Que la cerveza os acompañe.



UN MAL BUEN INICIO
Capítulo II


Cuando llegaron las unidades al Parque O’Donnell unos mirlos bebían de un charco de agua llena de moscas. La policía local debía impedir el paso a bastantes metros de la zona donde se encontró el cuerpo. La nacional hacía un segundo cordón interior intentando recabar datos de la zona sin que en realidad supieran mucho de por dónde empezar. No era una ciudad donde ocurrieran crímenes como aquel. Había más de doscientos mil habitantes, quizá los doscientos diez mil, pero los asesinatos no era algo común. No en esa zona de la ciudad. Quizá en algún barrio, por alguna reyerta, un maltrato matrimonial, una pelea de familias que vendían droga… pero en pleno centro de la ciudad no era algo común, salvo si hubiera sido justo en el centro de la ciudad, en la Calle Mayor o su paralela, la Calle Escritorios. Allí, en pleno centro de la vida urbana, sí habían habido cadáveres violentados ocultos durante días en casas ruinosas en su interior, pero de aspecto turísticamente medieval y decimonónico. Su olor era lo que alertaba a los vecinos al cabo del tiempo. Salvo esos casos céntricos, no era normal el suceso del Parque O’Donnell, si acaso, hacía muchos años, un hombre se ahorcó de uno de sus árboles centenarios, poco más, el resto eran infracciones con consumo de drogas o alcohol, un presunto violador, también de hacía mucho tiempo atrás, pero no un asesino tan desnaturalizado como para dar paso a una decapitación.

Cerca del cuerpo descabezado y amputado de piernas y brazos acababan de llegar los inspectores que por rutina les tocó la investigación. La lluvia había eliminado posiblemente buena parte de las pistas que se podrían recoger. El cuerpo, pese a ser poco menos que el tronco femenino con feas manchas del poder de la muerte sobre la vida, se encontraba contorsionado.

-A mí me gusta comer cosas raras. Una vez comí paté de cocodrilo. ¿Tú has comido paté de cocodrilo? –le comentaba la inspectora Ruiz a Fabra, haciendo permanecer viva la conversación que habían traído en el coche.

-A mí no me gusta comer a drede animales por el mero hecho de sernos raros. Muchos de ellos tienen especies en extinción. Teniendo aquí ya animales con los que cocinar cosas muy variadas no le veo la necesidad de matar a un cocodrilo o a un elefante.

-¿Tú has comido elefante?

-No. Digo que no creo que tengamos que matar a un cocodrilo sólo para comer un paté inusual.

-Pero los que matan será por la piel.

Hubo un silencio mientras miraban el tronco humano seccionado tirado en el barro desde la altura de los cuellos de sus chaquetas. Ruiz insistió con su argumento de que a los cocodrilos que matan era por su piel tan sólo.

-No sé si a los cocodrilos que les quitan el hígado para hacer paté les matan, la verdad. Puede que lleves razón. Quizá a tu cocodrilo no lo mataron y ahora esté en rehabilitación para cocodrilos en algún zoológico. Al resto de cocodrilos sí los matan. No lo veo necesario, ni siquiera interesante –dijo Fabra.

-¿Y qué crees que le pasó a este cocodrilo? –contestó Ruiz comenzando la conversación sobre el cuerpo del delito.

-Pues está claro que alguien no quería su hígado, ni siquiera su piel, pero faltan cabeza y extremidades, como un animal del paleolítico. Los antiguos los destazaban y se llevaban justo esas partes, quizá la cabeza no tanto, pero a veces ocurría.

-A veces no sé si eres un policía o un arqueólogo.

-Se llevaban esas partes porque eran las más fáciles de transportar, el resto se las comían en el sitio o las abandonaban. Eso fue al comienzo, con el paso de los siglos lo aprovechaban todo. La ciencia forense nos ha mostrado dentelladas de animales en los huesos abandonados.

-Estamos en el siglo XXI. Nuestro cadáver es de hoy y es humano.

-¿Y quién te dice a ti que no se han encontrado huesos humanos paleolíticos comidos por humanos?

-¿Se ha hecho?

-Ya lo creo que sí. Algunos huesos roídos se han conservado con restos de dentaduras humanas. No son comunes, pero existen.

-Un caníbal en Alcalá de Henares.

-Una hipótesis. No tenemos los huesos de ninguna de las partes que faltan. Pero la cosa es que faltan. Alguien puede haber llenado su despensa.

-Parece una clara agresión sexual de alguien megalómano, por la postura, la desnudez, lo extraño... A veces te vas a lo más complejo saltándote lo evidente.

-Es cierto. Cursemos todo a la vez –dijo Fabra dibujando el cuerpo en una libreta.

-Muy bien. A se siente atraído por B. Se enamora o se obsesiona, la quiere poseer. La posee, tal vez, estudiaremos si hay restos de semen o de penetración en general, no descartemos la homosexualidad o la agresión sexual con objetos. Luego la mata y la disecciona, pero se queda con la cabeza. Se ha enamorado de A haciendo de A un objeto que poseer, por eso se queda la cabeza, es su objeto de pasión, pero A es una persona y no le gusta algo de cómo es ella, quizá se resistió, estudiaremos si hubo violencia previa. Rechaza su ser interior, por eso dice que no tiene cerebro, pero desea su cuerpo, por eso se queda la cabeza.

-¿Y las extremidades? –Fabra no dejaba de dibujar en su libreta.

-Las extremidades pueden ser algún tipo de filia.

-O de guiso. En muchas culturas desde la antigüedad amar casi equivale a poseer. La cultura anglosajona cambia el nombre de la esposa por el del esposo, de igual manera que se hacía entre los dueños de esclavos con sus esclavos, eran su propiedad. En los antiguos pueblos germanos él le calzaba a ella con sus propios zapatos. Entre los esquimales se bebían las cenizas de sus seres queridos difuntos. La interiorización del ser amado algunas culturas lo hacen de manera literal. Estaría por llamar a este caso el caso mantis religiosa en el informe.

-No… venga ya. Si pones eso en el informe ya estarás orientando todo a una línea de investigación –se quejó la inspectora Ruiz tocando la tierra de alrededor del cuerpo.

Un agente de la policía nacional se acercó a Fabra y Ruiz.

-Inspectores, hemos encontrado huellas de zapatillas deportivas que creemos fundadamente que están relacionadas con el suceso. Son del número 38.

-Llamémosle Operación 38 entonces, ¿qué te parece? –dijo Ruiz satisfecha del nuevo dato para influir en Fabra.

-Eso despistará mucho a la prensa. Me parece bien.

Comenzaba a lloviznar otra vez sobre el Parque O’Donnell cuando Fabra y Ruiz, cinco horas más tarde abandonaron el lugar en el mismo coche, oyendo música popular en la radio.

lunes, agosto 10, 2015

NOTICIA 1509ª DESDE EL BAR: UN MAL BUEN INICIO (capítulo 1 de 13)

Lo prometido es deuda y aquí está el relato colaborativo del que os hablé para este mes de agosto. La idea de hacerlo es de Luis Abad, que ya colaboró en esta bitácora con otro relato suyo en el primer centenario de la Primera Guerra Mundial, entre otras ocasiones, en aquella ocasión su relato fue El frío de Saipán, y se puede leer entrando al pulsar sobre su nombre violeta que os he dejado escrito. 

Luis Abad me propuso escribir a medias con él un relato breve de novela negra que tenía en mente. Esa idea nos gustó a ambos y comenzamos a escribir hacia finales de junio Un mal buen inicio. La idea original es de él, aunque el desarrollo lo hayamos ido construyendo entre ambos, sorprendiéndonos el uno al otro con el desenlace de nuestros respectivos capítulos, pues la idea era no saber nada de la parte del otro hasta que cada capítulo estuviera acabado y lo pudiéramos leer para seguir con el otro capítulo. Sólo nos reunimos en dos ocasiones para tratar temas comunes de la trama. En la primera reunión surgió la idea de hacer de este proyecto colaborativo algo más grande, más colaborativo aún. Así que contactamos con dos de los ilustradores de la antigua revista que codirigí La Botella Vacía, Ramón Sánchez Melchiore y Jesús "Chicha, Excelentísimo Chechu". La obra del primero se puede ver en parte en Ramonadas y la de Chechu en El circo de Chicha. Así que tenemos capítulos ilustrados, los de Luis por Chechu y los míos por Ramón, pero el último capítulo lo ilustrará una ilustradora tal como Zia Mei, de la que ya hablé cuando ilustró el libro Cuentos al canto del gallo, cuya obra se puede ver en Nunca tengo menos de veinte cosas por hacer.

Con una Alcalá de Henares veraniega donde opera un asesino en serie comenzamos el relato hoy acompañado de una de las ilustraciones de Chechu. Saludos y esperamos que os guste. Que la cerveza os acompañe.



UN MAL BUEN INICIO
Capítulo I

Llovía. El chubasquero apenas cumplía su labor. No era como debiera ser. Pero era como era. Abrió la bolsa deportiva y deposito su contenido en el banco del parque. Revisó que nadie observara. Observó la nota que había escrito, estaba empapada y la tinta se había vuelto indescifrable. La guardó en el bolsillo del pantalón, tendría que cambiar el plan. Otra vez. Nada estaba saliendo bien, pero al menos no tendría que cargar más con la bolsa y su hedor. Se olió las manos, apestaban a lejía pero aún le parecía notar la peste a sudor y sangre. Se marchó.

La policía había acordonado las entradas al parque O´Donnell. Los ecos de sirena se fueron disipando. La ambulancia partió, no había nada que un paramédico pudiera hacer. Apenas había algo para que trabajaran los forenses. Un torso de mujer con las extremidades y cabeza amputadas que ha estado bajo la lluvia toda la noche no da para mucho. Al mismo tiempo que recogían el presunto cadáver, llegaba un paquete sin remitente a la comisaría de policía. Dentro había una caja con un papel donde en letra clara, a mano escrito se podía leer: “¡Qué bella imagen; lástima que no tenga cerebro!” Adjunta a la nota con un clip varias fotos de la ex-modelo Jennifer Cebrián, en su casa, en una finca con más gente y por último dos instantáneas de ella posando risueña con distintos animales domésticos asesinados. La misma nota llegó a varias agencias de prensa y publicidad. Por último una pequeña pieza de barro cocido con un símbolo marcado en ella. Un punto negro. 

Los noticiarios se abalanzaron sobre el suceso como hienas. Especialistas de las más variopintas ramas vomitaban sus opiniones. Apenas podía dejar de sonreír. Había sido tan fácil. Apagó la televisión, le dio de comer al perro, cogió la botella de agua de la nevera y se sentó en el patio a leer. Hacia buen día. El viento acariciaba los árboles tenuemente. De fondo se oían las campanas de la catedral. 

-Tú también serás famosa dentro de poco cariño.- Dijo sin dejar de leer.

Alguien empezó a gimotear dentro de la caseta prefabricada.